Julio 2009

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Es posible que tenga un criterio arquitectónico discutible, y un extraño sentido patriótico al atacar a Richard Rogers o a Norman Foster, puntas de lanza, y embajadores en el mundo de la arquitectura high tech británica.
También es probable que no eligiera adecuadamente a su primera esposa, una Lady Di que nunca estuvo a la altura del cargo que ostentaba, y que sea chismoso e inoportuno como su padre, el Duque de Edimburgo. Pero nadie más que el Príncipe de Gales repara que debe ser el gris, el color del chaqué que hay que llevar a una boda celebrada de día, ni luce con tanta discreta prestancia los trajes entallados de rígidos hombros, cortados en toda la paleta de azules por Anderson & Shepard en Savile Row, perfectamente conjuntados con sus zapatos,  manufacturados en Northampton por Edward Green o John Lobb.
La forma de llevar el sombrero de copa en Ascot o en el Derby de Epsom, el kilt a cuadros saliendo de un Range Rover en Balmoral, el uniforme de la Armada en un desfile, o la ropa de montar en un partido de polo, le otorgan a Carlos de Inglaterra el oficioso título de hombre más elegante del mundo al adecuar siempre de manera perfecta su atuendo a la altura del cargo que desempeña, y representando por antonomasia al perfecto caballero inglés.

GIELGUD.

Que el elevado poder adquisitivo del que disfrutan los ases del deporte actual, no tiene que ver nada con el estilo con el que visten (la carencia de éste) es un asunto que se entiende fácilmente viendo fotografías de antiguos jugadores del Madrid con camisetas con el logotopo de Versace en lentejuelas, americana negra, zapatos de Dolce y Gabbanna con la punteras apuntando al cielo, y una gruesa capa de grasienta gomina aplastandoles el pelo.

Afortunadamente deportistas como Pep Guardiola, elegante por dentro y por fuera usando trajes de Toni Miró, Johnny Wilkinson, imagen de la marca británica Hackett, Ian Thorpe, leyenda de la natación fichado por Armani, Federer, con sus trajes de Hugo Boss (aunque con la casaca que le prepapró Nike este año en Wimbledon, parecía un domador de circo) adecúan la armonía con la que el deporte esculpió sus cuerpos, a sus elegantes y bien elegidos aditamentos.

Pero la apariencia externa quedaría huera si el deportista no hiciera uso permanente del fair play, de una actitud caballeresca con sus rivales, perfectamente compatible con la fiereza competitiva que el deporte demanda. Un ejemplo de esta noble actitud podría ser, las formas que mantienen en todos sus duelos la dupla Federer – Nadal. Ejemplo de la actitud contraria el infame “Písalo, písalo!” de Bilardo cuando entrenaba al Sevilla, o el pisotón de Juanito a Matthaus.

En esta recién estrenada estación, cuando el calor aprieta de verdad, no por ello debiera un caballero bajar la guardia en cuanto a la elección de un atuendo adecuado a los cánones de la elegancia (el Príncipe de Gales fue fotografiado hace unos años, en la cubierta del yate de un amigo, rodeado de mujeres en bikini, ataviado con traje corbata y chaleco!)
El calor hace que la corbata pueda ser un accesorio del que prescindir, no así la chaqueta americana, cortada esta en lanas frias o sedas, la teba de punto, los pantalones chinos en diferentes gamas de beiges, kakis o azul marino. Polos antes que camisetas (las camisetas sin mangas debieran ser prohibidas por alguna convención internacional) y las camisas de manga corta solamente debieran estar permitidas para los conductores de autobús y camareros (profesiones éstas que se pueden ejercer con mucha elegancia)
En el calzado predominará el mocasín, en sus muchas variedades (antifaz, pala lisa, banda, conductor gommini, náutico)
La paleta de colores se ampliará en general, desde los clásicos gris marengo y azul navy invernales, predominando el blanco en camisas de corte perfecto, colores pastel en polos, rojos en pantalones entallados (muy de dandi italiano)
En cuanto al bañador, cualquier cosa incluido el costosísimo y polémico Jaked que usan Phelps y compañía, antes que el slip, cuyo uso debiera ser castigado con pena de cárcel.

G.Agnelli