“El indivíduo no es jamás un plano, sino un poliedro”. El aforismo de Cela define perfectamente la personalidad de André Malraux (París 1901, Créteil 1976) que fue novelista, político, piloto (fue jefe de escuadrilla combatiendo para la Resistencia) y un dandi que frecuentaba los círculos artísticos de vanguardia (Breton, Eluard, Gidé) y amigo de artistas como Picasso, Chagall, Braque, Cocteau. Fue también un perfecto ejemplo de intelectual comprometido, poniéndose en 1936, al comienzo de la Guerra Civil Española a disposición de la II República, donde dirigió y organizó la Escuadrilla España. En 1941 dirige la brigada Alsacia Lorena durante la liberación de Francia en la II Guerra Mundial.
En 1947 el general De Gaulle lo nombra Ministro del Interior, y posteriormente Ministro de Cultura, desde donde envió la Gioconda a Estados Unidos, y nombró a Marc Chagall director de la Opera de París.
Como escritor ganó el prestigioso Goncourt en 1933 con “La condición humana” y en estos días es noticia la publicación en España de un ensayo inédito que dejó inconcluso llamado “El demonio del absoluto” en el que plasma su fascinación por Thomas Edward Lawrence (Lawrence de Arabia) y que es a la vez una biografía y una exégesis de su principal libro “Los siete pilares de la sabiduría”
Ambos personajes, Malraux y Lawrence, eran románticos y atormentados, con un desmedido afán de acción, se interesaron por la Aviación y por las culturas de Oriente, fueron enormes prosistas, y nunca se llegaron a encontrar pese a la escasa diferencia de edad entre ambos.
“El demonio del absoluto” está publicado por Galaxia Gutenberg.
Gielgud.